LAURA VALLEJO (Barcelona) OCTUBRE 2007

Me llamo Laura y tengo 32 años.

Me gustaría explicar mi historia mediante un pequeño ‘juego’ o ‘ejercicio’. ¿Os apetece?. ¿Sí?. Entonces, de acuerdo, os pediría que os imagináseis por un momento que de repente, de un día para otro, sin previo aviso, os aparece una sensación molesta, un ardor insistente en la vejiga. Esta sensación no se alivia por mucho que orinéis, de hecho aunque estéis metidos todo el día en el baño, la sensación no mejora. Tampoco mejora tomando tratamientos convencionales de antibióticos o antiinflamatorios.

Sigamos con el ejercicio, ese ardor os acompaña día y noche: en la ducha de la mañana, conduciendo, en el trabajo, en las vacaciones, cuando salís con los amigos, cuando ayudáis a vuestros hijos a hacer los deberes, cuando vuestra pareja quiere momentos de intimidad…siempre os acompaña, 24 horas al día, 1.440 minutos, 86.400 segundos, siempre… a todas horas. Tenéis ganas de huir, de gritar, de llorar de impotencia, de esconderos bajo las sábanas de la cama para que esta sensación se olvide de vosotros, para que os abandone y os deje vivir de nuevo tranquilos. Deseáis por encima de todas las cosas volver a estar bien de la vejiga, volver al pasado. No véis la forma de volver a ser felices. Sentís que se os ha roto el alma.

Ahora, imaginaros que no podéis beber todo aquello que os apetece, esa cervecita fresca en la terraza del bar en verano, ese vino descorchado para una celebración especial, esa copita de cava para dar la bienvenida al año nuevo…uhmmm!! ni esa Coca-Cola con la hamburguesa de los viernes…todo eso os empeoraría vuestra vejiga.

Tampoco podéis comer todo lo que os gusta, prohibidos los picantes (vaya! se os acabó la comida mejicana de los sábados noche, o el chorizito del pueblo de vuestra madre…), despediros de frutas tan saludables como las naranjas, los kiwis…adiós al tomate, al gazpacho, al limón…adiós a las patatas bravas, al allioli…

¿Cómo os sentís? ¿Limitados? ¿Angustiados por tener que controlar todo lo que os sirven de comida? ¿Enfadados por no poder compartir las ‘juergas’ con vuestros amigos de copas?...

Y por fin, un último esfuerzo de imaginación, miráis a vuestro alrededor, y os dáis cuenta que con el paso del tiempo habéis perdido uno o varios trabajos, una amiga que no llegó a comprender tus limitaciones, que creyó que exagerabas, un familiar que no supo acompañarte en este duro camino…

Y ahora, pongamos fin a esta pesadilla, la Cistitis Intersticial es todo lo que os he hecho imaginar, en muchos casos es peor de lo que podríais llegar a pensar…pero toda historia tiene su parte positiva.

La enfermedad te hace fuerte, te dota de una paciencia, una comprensión, una humanidad y sensibilidad que pocas personas poseen. Te hace distinta, única.

Te pone en contacto con otr@s afectad@s con l@s que estarás unida siempre por lazos invisibles e indestructibles. Ya no te vuelves a sentir sola, te sientes arropada por los amigos que han permanecido a tu lado, por tu familia, por los médicos y psicólogos que han puesto todo su empeño en mejorar tu salud.

Tus padres son el pilar en el que te apoyas, no dudan ni un momento de tu palabra ni de tus síntomas y no escatiman esfuerzos para lograr que salgas adelante y así mejores.

Tu pareja se convierte en tu ‘puerto’ donde puedes amarrar cuando hay tormenta, donde te sientes segura y comprendida (gracias en especial a ti, por estar siempre a mi lado).

En definitiva, la enfermedad te hace valorar la vida día a día, detalle a detalle, te devuelve la oportunidad de recuperar tu felicidad, sólo tienes que saber encajarla, aceptarla y ‘convivir’ con ella.